Este es el segundo blog que hago. El otro que tenía, no lo borraré, pero haré como si no existiera.
Partí escribiendo en la otra página el 2012 y la última entrada fue el 2014. Hoy, cuando leo esas historias, no me veo a mí, a la Paula de ahora.
Siento que es parte de una historia de la que no fui parte. Leo y no creo que las cosas hayan sido así. Tanta felicidad parece mentira. Esa Paula, murió.
En mi vida tengo tres sucesos que los tomo como la gente dice con ese cliché. "Me marcaron". Después de eso muero. Muero al Yo anterior y nace una nueva Paula. Siempre mejor. Por eso me identifico con el fénix. Nacer desde las cenizas como algo nuevo.
Ahora estoy en la etapa final de armar el nuevo Yo. Pero, no puedo evitar a veces sentir nostalgia de lo que leo en mis antiguas palabras. Creía que no volvería a morir. Ahora sé, que moriré y naceré más veces, hasta que el que muera sea mi cuerpo y no el Yo. Y eso no me causa tristeza. Me siento incluso con más sabiduría, al por fin comprender y poder haberme salido del falso sueño de una vida sin tropiezos. Lo que realmente me causa nostalgia o me aprieta el pecho, es que me dejé llevar por la inocencia. Nunca más. No daré nada por sentado nunca más.
Ahora, soy feliz por el comienzo de la historia de una nueva Paula. Y esta, espero, será la última "entrada" con un dejo de pena. O más bien, con una pena producida por lo que fue.
No borro ese antiguo blog, porque me recuerda que puedo ser feliz. Sé que puedo sonreír por dentro y por fuera.
Cuando estoy feliz, escribo mucho y bonito. Pasé más de un año sin siquiera escribir.
Hoy, vuelvo a empezar.
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